Elige el caso que más se aproxime a tu reclamación
Todo comenzó en 2018 cuando Abigail contrató una tarjeta de crédito con BBVA. Lo que parecía una forma cómoda de pagar a plazos se convirtió en una trampa financiera de la que era casi imposible salir: cuotas pequeñas, intereses enormes y una deuda que se renovaba sola.
¿La letra pequeña? Oculta. ¿La TAE? Ni rastro claro. ¿El sistema revolving y sus riesgos? Sin explicar. Abigail firmó pensando que era una tarjeta más. Pero la realidad era otra: estaba entrando en un sistema de pago diseñado para alargar la deuda y convertirla en una deudora cautiva (palabras del propio Tribunal Supremo).
El tribunal lo dejó claro: BBVA no informó adecuadamente a Abigail antes de firmar. Le entregaron el contrato y los documentos informativos el mismo día, sin antelación ni explicación real. Y lo poco que aparecía era confuso, incompleto y hasta contradictorio.
Además:
El contrato no indicaba la TAE de forma clara.
Se aplicaban cuotas mínimas del 3%, que apenas amortizaban capital.
Los intereses y comisiones se capitalizaban, haciendo crecer la deuda como una bola de nieve.
Y, por supuesto, nadie le explicó a Abigail que podía estar firmando un crédito prácticamente eterno.
Conclusión: nulidad del contrato por falta de transparencia, reintegro de las cantidades pagadas de más, y condena en costas a BBVA.
Este caso no es único. Es más, es demasiado común. Muchas personas como tú pueden tener una tarjeta revolving o un préstamo con condiciones abusivas… ¡y no lo saben!
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